Para el diccionario, la palabra pistas es una huella o rastro que dejan los animales o personas en la tierra por donde han pasado. Otra acepción refiere que es el conjunto de indicios o señales que pueden conducir a la averiguación de algo. En este blog, que surge en el taller de periodismo policial del sitio web periodismo.net, no pretendemos averiguar nada o dejar ningún tipo de huella. Tampoco perseguir sospechosos, analizar pruebas o resolver enigmas. El objetivo es más simple: somos un grupo de apasionados por el periodismo policial. A partir de ahora, las pistas nos conducirán a eso: a escribir crónicas, perfiles, noticias, reseñas o anécdotas. Este blog se llama de esta manera en homenaje a la revista Pistas, una de las creaciones más recordadas de Enrique Sdrech, sabueso de la noticia policial. Bienvenidos. A no dejar rastros.

jueves, 30 de junio de 2011

El crimen que conmovió a Chaco

Maira Tevez

El 9 de abril de 2010 ocurrió un caso insólito en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco. Un hecho que provocó temor y desesperación en muchas familias de la zona. La Policía había encontrado las partes del cuerpo de una mujer, que parecía tener entre 20 y 30 años, morocha de cuerpo robusto.

Todas las familias de Sáenz Peña y de ciudades vecinas que tenían una persona cercana que reunía estas características físicas, y no estaba en su círculo de convivencia normal, comenzaron a preocuparse. Sólo una familia recibió la mala noticia: los Tevez, oriundos de Pampa del Infierno, pueblo ubicado a unos 50 kilómetros de Sáenz Peña. Esa familia tenía una hija, Maira, que estudiaba profesorado de inglés en un instituto terciario de Sáenz Peña, y cursaba el último año de su carrera con un promedio excelente.

La joven Maira, de 23 años, alquilaba un departamento en una de las calles céntricas de la ciudad, donde vivía sola, pero habitualmente estaba rodeada de amigas y amigos, especialmente conocidos del instituto terciario.

Ese día, el del asesinato, Maira tenía previsto encontrarse a estudiar con una amiga de una localidad vecina a Sáenz Peña, Quitilipi. Su amiga le había escrito un mensaje de texto diciéndole que no iba a poder venir porque no tenía colectivo para volver. La respuesta de Maira llegó inmediatamente: le respondió que no había problema porque ella había decidido pasar el día junto a su enamorado.

Mientras tanto, su hermana Elsa la llamaba incansablemente a su teléfono celular, pero Maira no respondía. La desesperación aumentaba en su familia, ya que los medios de comunicación alertaban cada vez más sobre la necesidad de reconocer el cuerpo de aquella joven asesinada.

Cerca de la tarde del viernes, Elsa se comunicó con la amiga de Maira, la de Quitilipi, quien le comentó lo que Maira le había contestado en el mensaje, hecho que llamó la atención de Elsa, porque desde el celular de Maira le había llegado un mensaje donde decía que estaba estudiando con su amiga.

Elsa y su madre no dudaron ni un minuto más y fueron de inmediato a la ciudad de Sáenz Peña: deseaban en lo más profundo de su interior que la víctima del aquel horrendo hecho no tuviese relación alguna con Maira Tevez.

Al llegar a la ciudad fueron hasta el departamento de la joven estudiante, pero ella no se encontraba allí y la puerta estaba trabada. Con rapidez se dirigieron hasta la comisaría más cercana para hacer la denuncia. Al brindar las características de la joven, la policía relacionó inmediatamente con las características que presentaba el torso de la mujer encontrado en un basural ubicado a orillas de la ciudad, que había sido arrojado por un joven que circulaba en motocicleta y que dialogo con dos niños de aquel lugar.

Pero la situación más difícil fue la que vivieron los familiares de la joven al llegar a su departamento. Allí la Policía forzó la cerradura de la puerta y logró ingresar, a simple vista parecía ser un departamento normal donde no había nada extraño. Pero al revisar la cámara séptica fue terrible la sorpresa que se llevó la familia de Maira, la Policía, y la fiscal Liliana Luppi, que estaba a cargo del caso. Envuelto en nailon se encontraban las extremidades del cuerpo de Maira, las piernas, y los brazos. El shock emocional de la familia fue inevitable: no podían creer lo que estaban viendo. Pero lamentablemente era real.

Mientras tanto otro equipo de policías había encontrado en otra zona de la ciudad, la cabeza de una mujer con un orificio como causa de un disparo de arma de fuego. Aquella cabeza había sido llevada por un par de perros hasta el fondo del terreno de una vecina del barrio Santa Teresita, ubicado en cercanías de la terminal de ómnibus.

En busca del asesino

El rompecabezas comenzó a armarse, y las partes finalmente formaban el cuerpo de aquella sonriente y amigable estudiante de inglés, Maira Tevez.
Ya está, ya se sabía quién era la víctima de aquel terrible episodio, pero ahora faltaba conocer quién había sido capaz de cometer tan horrendo acto y de provocarle semejante dolor a toda una familia.

Había que buscar al culpable entre las personas allegadas a Maira. La policía detuvo a varios. Pero ninguno de ellos parecía tener el perfil de un asesino.
Finalmente, el sábado poco después del mediodía, el móvil policial se detuvo en la casa de un ex estudiante de policía, que se encontraba cómodamente en su casa dialogando con su padre. Se trataba del joven Héctor Ponce, conocido como “Nano”. Cuando la Policía lo detuvo, el sospechoso  simuló estar totalmente desconcertado sobre todo lo que estaba pasando.

De su casa se logró secuestrar bisturíes, ya que además el joven había estudiado la carrera de auxiliar quirúrgico, y también se secuestró una motocicleta, propiedad de su madre, que tenía manchas de sangre (más tarde se supo que era sangre de Maira).
Al llegar a la cede policial, el joven no paraba de preguntar a los policías porque lo habían llevado hasta allí, ya que decía no entender absolutamente nada.
Marcha por Maira Tevez

Los comisarios a cargo de la Dirección de Zona Interior comenzaron a realizar las preguntas propias de un interrogatorio policial, e intentaron lograr que Ponce confesara ser el autor del crimen. Sin embargo esto no sucedió, hasta tanto la Policía amenazó al joven con detener a su madre, ya que se había encontrado manchas de sangre en la motocicleta que era de su propiedad. Este hecho lo sorprendió, ya que no se había imaginado que podía involucrar a su familia, y parecía sacarlo del plan que había elaborado para resultar ileso del hecho.

Al instante, y entre lágrimas, confesó ser el autor del crimen, pero aseguró que se le había escapado el disparo, y que al encontrarse con el hecho consumado no tuvo otra opción que tratar de encubrir lo que había pasado, motivo por el cual, en su desesperación dividió en varias partes el cuerpo de Maira.
Esta confesión de suma importancia para la Policía no lo fue tanto para la Justicia. Y sólo tiene validez la declaración judicial. El acusado negó ante el juez haber sido el culpable.

El caso fue tan conmovedor para toda la provincia del Chaco, que incluso el jefe de la policía de la provincia, comisario mayor Hugo Lisboa, se acercó hasta Sáenz Peña para observar al presunto homicida. Según declaró más tarde Ponce, el jefe de la Policía lo había observado por un par de segundos, mientras él dialogaba con un comisario que le tomaba declaraciones. Y en ese momento, sin dudarlo, habría dicho enfático “fue él”, y ordenó que quede detenido hasta que la Justicia resuelva que hacer.
El sospechoso había sido pareja de Maira, pero en los últimos meses habrían terminado la relación, por el extraño comportamiento de “Nano”, había comentado su amiga más tarde. Sin embargo, esa noche, la última noche, Maira le habría dado una nueva posibilidad. Jamás se imaginó que su amigo, su pareja, había planeado terminar la relación de aquella terrible manera. 
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Yanina Kosciak
(Alumna del taller de Periodismo Policial)