Para el diccionario, la palabra pistas es una huella o rastro que dejan los animales o personas en la tierra por donde han pasado. Otra acepción refiere que es el conjunto de indicios o señales que pueden conducir a la averiguación de algo. En este blog, que surge en el taller de periodismo policial del sitio web periodismo.net, no pretendemos averiguar nada o dejar ningún tipo de huella. Tampoco perseguir sospechosos, analizar pruebas o resolver enigmas. El objetivo es más simple: somos un grupo de apasionados por el periodismo policial. A partir de ahora, las pistas nos conducirán a eso: a escribir crónicas, perfiles, noticias, reseñas o anécdotas. Este blog se llama de esta manera en homenaje a la revista Pistas, una de las creaciones más recordadas de Enrique Sdrech, sabueso de la noticia policial. Bienvenidos. A no dejar rastros.

martes, 14 de junio de 2011

Viaje fantasmal al corazón oscuro

Buenos Aires es una ciudad para enamorarse: tiene un corazón de luces engarzado en sus propias tinieblas. La llamada "Ciudad de la Furia" tiene historias de mujeres y hombres que enloquecieron. Algunos cruzaron el abismo y no todos lograron salir. 
 
Me calzo los guantes negros y me subo al bus. Miro al conductor y con la guía coordinadora de la agencia nos deseamos..."¡que sea una buena noche!" Es que salimos a desandar estas calles con pasajeros que buscan saber, al abrigo de las sombras, de la vida, de la muerte y de los misterios. 
Lo primero es tomarle el tiempo y la cadencia al bus. Voy suspendida, de pie y apenas agarrada del borde superior del guardamaletas, pero tengo que dar una apariencia grácil. En eso, como los buenos titiriteros, el truco es que no se note el truco. 
 
Luego, verle la cara y los ojos a los pasajeros de este viaje tenebroso hacia los lugares que fueron escenario de crímenes o refugiaron a famosos asesinos: hay que ver si hay jóvenes ávidos de sangre, gente impresionable que busca información más que relato morboso, el típico aprendiz de Sherlock que va a cantar primero que sabe el final del cuento, el que se va a reír de puro nervios ... a todos sin excepción hay que llevarlos a donde uno quiere y que piensen que llegaron donde querían ir. 
 
Presentaciones, formalidades y hacer “calzar” el relato de la vida y las muertes ligadas a Yiya Murano, la célebre envenenadora de Monserrat, con el borde mismo de su vereda. Mostrar un edificio sin lujos donde una mujer ambiciosa y hábil con el cianuro se volvió leyenda en 1979, después de envenenarles el té y las masas a tres viejas amigas. Seguir contando, escuchar preguntas y pasar fotos de viejos archivos para que la gente vea lo que yo ya llevo en el fondo de mis ojos. Estar atenta porque que el bus se va hacia el deslinde de Parque Patricios, donde todo es soledad y abandono como si el comienzo del siglo XX hubiese sido ayer y que los tonos de la voz se vuelvan susurro para hablar al oído de todos de Cayetano Santos Godino, el Petiso Orejudo, el asesino de niños. La historia es terrible. Que piensen que eso no es lo peor: lo peor es que haya sido real. 
 
La Iglesia de Santa Felicitas en Barracas les da un respiro. Un crimen, es cierto. El de la mujer más hermosa de su tiempo, que se llamaba Felicitas y sin embargo nunca fue feliz. Es un delicado cofre el relato de amor y fantasmas de su vida y de su trágica muerte. Vamos a volver al siglo XIX y hablar de otra sociedad, de otras costumbres y de las mismas pasiones y orgullos que unen y desunen aún hoy los matrimonios de clases adineradas y dejarse llevar hasta la próxima historia. 

 
Nosotros desandaremos muchas más. En el medio, una parada para tomar un café o un mate amable con el conductor y repensar como seguimos, si vamos bien de tiempo y oír lo que la gente nos quiera decir. Y volver al camino, al empedrado de San Telmo que nos conduce mansamente a Recoleta donde, en las puertas del cementerio, contaremos la última historia y nos despediremos diciendo: "Gracias por escucharnos y en nombre de Zigiotto Viajes les dejamos un sólo deseo, que esta noche duerman bien y que sueñen con los angelitos".
Es aquí donde yo desaparezco. Me fundo con la noche para volver a mi casa y los míos. Ya sin la segunda piel de los guantes de raso negro vuelvo a ser Alejandra y dejo de ser la narradora de cuentos crueles.
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Alejandra del Carmen Valente

(Alumna del Taller de Periodismo Policial)